Los tribunales inquisidores observados en la película El nombre de la Rosa persisten hoy en día en muchos ámbitos de la sociedad y los constituyen personas que creen ser puritanas o que tienen la tarea de observar todo con recelo y velar por la moral.
A veces la familia y los amigos pueden ser tildados de Inquisidores, incluso nosotros mismos solemos pensar que tenemos la potestad de juzgar a los demás por sus gustos u opiniones. La verdad es que vivimos en una sociedad donde se supone todos somos iguales y podemos externar lo que pensamos y hacer lo que nos plazca mientras no perjudique a los demás, aun así esto no se cumple siempre pues los actuales Inquisidores creen tener el deber y el derecho de hacerle frente a la “anarquía social” de nuestros tiempos; siendo esta ya no la brujería ni la herejía sino la homosexualidad, la sexualidad, la música en fin muchísimos aspectos de la vida de todos nosotros.
Estoy seguro que todos hemos estado al frente de algún tribunal Inquisidor de nuestros días, ya sea con nuestros padres, nuestras amistades incluso gente desconocida que nos confronta por pensar de manera diferente a ellos y querer hacer con nuestras vidas algo mas que las de los demas. Los Inquisidores son gente que le teme al placer y a hacer lo que nos gusta, creen que cuando hacemos algo que nos gusta debemos sentirnos culpables simplemente porque creen que en la vida todo es sufrimiento o porque hay gente que no puede hacer lo mismo.
Es necesario que estos tribunales desaparezcan de nuestros tiempos y se queden en la Edad Media pero esto solo se conseguirá aprendiendo que los demás tienen su espacio de libertad propia y que pueden pensar diferente la mayoría si les es preciso, necesitamos dejar de juzgar cada vez que vemos a alguien distinto en la calle o no estamos de acuerdo con alguna idea. Cada uno debe tener su criterio propio y respetar el de los demás, no estigmatizarlos.
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